¡Cómo pasa el tiempo! Ya tres años por estos lares, y pensar que no sabía ni donde estaba Ulyanovsk cuando llegué. Bueno, ni que me iba a encontrar, ni cómo me iban a tratar los rusos, ni si iba a poder trabajar como profesor siendo, como había sido toda la vida, periodista… en fin, muchas cosas cambiaron aquel 18 de diciembre de 2012 a eso de las nueve de la mañana, la hora en la que puse por primera vez mis pies en Ulyanovsk… como Amstrong en la luna pero sin tanto glamour, ¿os apetece recordar conmigo?


18 de diciembre de 2012

Hoy he llegado a Ulyanovsk, lo que empezó con un simple correo mandado a boleo se ha convertido en realidad… he pisado por primera las calles de una ciudad que hace unos meses ni siquiera sabía ni que existía. Atrás se quedan muchas cosas, entre ellas las dos personas más importantes de mi vida pero hay que hacer  frente a las decisiones que se toman en esta vida y aquí estoy, a casi veinte bajo cero, en un país del que apenas conozco el idioma y a punto de empezar a ser profesor de español, un trabajo que nunca antes he hecho. Me llamo Juanjo, soy periodista y a partir de hoy, este blog será el testigo de todo cuanto me vaya pasando en este extraño país llamado Rusia.

Llegar a Rusia en pleno mes de diciembre y a punto de ser Navidad tiene un montón de cosas malas y por ahora, una sola buena. ¿Malas? Claro, el tiempo. No es que haga malo, porque no llueve y hace solecillo,… pero no os engañéis. Simplemente este país en invierno se divide en hace frío  hace mucho frío o hace un frío de cojones, claro, que lo que yo pensaba que era un frío de cojones, según me han dicho, son días de mucho frío, o sea, que todavía tiene que llegar el frío de cojones para los rusos… habrá que crear una nueva definición para ese frío… espero vuestras aportaciones.

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Catalina La Grande: La emperatriz rusa que conquistó Crimea

Otra cosa mala, la nostalgia. Si ya es difícil dejar atrás a quienes más quieres, dejarlos cerca de Navidad, por poco espíritu navideño que se tenga, afecta. Pero estar a no sé cuantos miles de kilómetros de la persona que más quieres y de una perra peluda y maravillosa, estos primeros días, es duro, y me voy a repetir, perdonadme, es duro de cojones.

Y como no quiero que esto sea un drama tipo culebrón venezolano, vamos a por la parte buena. Y es que si resistes, ganas. Si soy capaz de aguantar los próximos tres o cuatro meses, habré superado lo peor, y esa idea que ahora me ronda la cabeza de qué cojones estoy haciendo yo aquí, este va  a ser un blog de cojones por lo que parece, pero sí. Aunque solo llevo 12 horas en la ciudad, o quizá por eso, la pregunta de qué estoy haciendo yo en esta ciudad no deja de rondarme la cabeza. Pero estaba previsto, todo va según la idea que me había hecho antes de venir aquí… vamos a intentar que esa idea acabe desapareciendo.

Mañana os cuento que tal el recibimiento en la nueva escuela pero creo que, por ahora, ya he sido demasiado profundo. O sea, que vamos algo más ligero. Bienvenidos a una auténtica casa soviética. Bueno, no tengo ni idea de cómo serían las casas soviéticas pero no deben estar muy alejados de donde estoy viviendo. Muebles, cocina, baño… todo parece tener por lo menos 50 años. Es más, cuando llegué había dos señoras que pasan de los setenta limpiando la casa y por un momento pensé que tenía que compartir la casa con ellas… afortunadamente, me he equivocado. Tendré mi propia casa… porque para ser un hogar a esto le falta mucho.

Ahora es cuando te das cuenta de las cosas que tienes en tu HOGAR y que aquí echas de menos, el sofá, la tele, la cocina…  y me temo muy mucho que la cama también. A ver qué tal la primera noche, a ver si se me aparece el fantasma de Lenin y me pregunta que qué cojones hago en su ciudad.

Todo en la casa es de color marrón, los muebles… bueno, cuánto echo de menos a IKEA. El baño tiene su cosa porque por un lado está la bañera y por otro lo que viene siendo el lugar donde te vienen las ideas. Sobre el papel higiénico que utilizan estos buenos señores prefiero no opinar. El de Bricomanía estaría más que feliz de tenerlo en su taller. ¡Ahhhh! Y la guinda al pastel ha venido cuando la buena pareja que me ha enseñado el apartamento me hace ver que nada de lavadora, la última moda rusa es lavar a mano. Sí, a mano, como lo habéis leído. Lógicamente les he dicho que puedo pasar por alto ciertas cosas pero la lavadora es motivo de tocata y fuga si se tercia.

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El inacabable invierno ruso.

La tele se ve fatal, tampoco me importa mucho porque no me entero pero lo de no tener internet… eso me jode mucho. Me han prometido que mañana estará todo operativo… ¿les creemos?

Y este es el comienzo de mi apasionante nueva vida en la cuna de los soviets… porque, si no lo sabíais, ahora lo sabréis, aquí, en Ulyanovsk nació Lenin y quizá ha nacido mi nueva vida. Así son las cosas y así se las hemos contado.

MI BLOG : desdeulyanovsk.blogspot.ru


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