Seguramente muchos de vosotros os habéis encontrado en la situación de que vuestro hij@ ha tenido que marchar al extranjero. Por estudios, trabajo, amor o ambas cosas a la vez serán las circunstancias que nos diferencien pero seguro que el sentimiento es el mismo.
Siempre quise que mi hijo fuese autónomo y llegado el momento volara y lo hiciera alto, donde pudiese ver lo bueno de la vida y en libertad tomar sus propias decisiones. ¡Pero no tenía previsto que lo hiciese tan lejos! ¡A Rusia!

Bueno, había que encajarlo, decidió estudiar ruso para abrir sus fronteras y entre otras cosas eso le llevó a conocer a  Katia. Una chica preciosa de Moscovita que aprovechaba el verano para venir a Barcelona y estudiar español. ¡Parece que el destino los preparo para que se entendieran. Y ya lo creo que se entendieron! Pero no solo eso, mucho más. Se enamoraron.

Y como es lógico hicieron sus proyectos para estar juntos y las circunstancias les llevaron a hacer su vida en Moscú. Un nuevo ciclo empezaba en el que yo me sentía muy extraña. Todo era muy diferente

a como yo nunca me habría podido imaginar. Un ciclo donde esperaban muchas y agradables sorpresas.

Llegó el momento de ir a visitarlos y conocer el entorno donde vivían.
Moscú, era una ciudad que nunca pensé en visitar pero como me alegro de haberla conocido. Me impresionó su belleza. Ya solo al aterrizar a las cinco de la madrugada, el amanecer. ¡Jamás contemple un sol tan grande! Parecía que estaba tan cerca que  podía cogerlo con mis manos.

Aprendí las palabras básicas en Ruso para conocer a las personas que un tiempo después se convertirían en nuestra estupenda familia. Hola,  gracias, adiós y por falta de tiempo a la dedicación que requiere aprender un idioma,

confeccionamos una chuleta de las frases más corrientes. 

De ahí una situación muy simpática, entrañable y natural en la que todos reímos y voy a contar. Estábamos cenando todos juntos y yo sacando mi chuleta dije:

-. Veréis como hablo ruso!!!!

Pero lo bueno fue que la madre de Katia hizo lo mismo al día siguiente en español. Con ese detalle ya se dijo todo.

Y así con mucha armonía y cariño se han creado nuestros lazos y os aseguro que no ha estado un problema el no conocer el idioma, aunque por ambas partes vamos a aprenderlo con mucha ilusión. 

Y esa extrañeza que sentía al principio, ahora solo es plenitud.

Ya no digo mi hijo esta en el extranjero sino que esta en Moscu. Así como si de la siguiente calle se tratara. Siento que está muy cerca y protegido por nuestra gran familia rusa.

Tengo que reconocer que la tecnología es fantástica en este caso. Confieso que me ha costado admitirlo. ¡Otra cantar será cuando me hagan abuela! Confío que para entonces, las compañías aéreas creen un bono especial de fines de semana para nuestros casos, porque yo seré capaz

de volar cinco horas aunque solo sea para darle un achuchón a mis nietos.
¡Dejar volar a vuestro hijos! El amor no tiene fronteras.

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