Ahora que se acerca el verano, qué mejor momento para recordar mi acercamiento a los deportes de invierno… bueno, mi único acercamiento, ¡¡¡vade retro Satanás!!! Nieve, hielo, superficies deslizantes… no gracias

Ulyanovsk, 6 de enero de 2014

Pues que feliz año y esas cosas, que el 2014 sea bueno y no sé si os habrán traído muchas cosas los reyes ‘majos’. Aquí reyes no tenemos pero en Año Nuevo me cayó un microondas marca ‘Mistery’ (acongoja un poco el nombre) y un disco duro portátil, que ya estaba empezando a ser preocupante la cantidad de fotos que tengo desperdigadas por los ordenadores, la nube y vete tú a saber por dónde más andan. Ah, y los hijos de puta del PP (amá, perdón por la expresión) me han quitado la tarjeta sanitaria porque no trabajo y estoy fuera de España más de 90 días. Pues sabéis lo que hago con la tarjeta sanitaria no… Ése sí que ha sido un regalazo y no el microondas. Pero no voy a empezar otra soflama política incendiaria porque va a ser que no se lo merecen, con que se mueran me vale.
 
Y sin tarjeta pero contento, ya llevamos una semanica de 2014, y por ahora no me he roto nada a pesar de haberlo intentado cual Angela Merkel. Pero éso va luego. Empecemos por la última noche del año, o la primera según se mire. Como os había comentado fui a casa de Elena y la verdad es que estuvo interesante. Hubo toneladas de comida, incluída una pedazo de carne que cocine yo, aunque la estrella fue el jamón. Hay que ver cómo se pirran por él los jodidos. La verdad es que el me mandó la amá desde Donosti está para morirse. Y entre jamonakos, caviar (del rojo de salmón, no os creáis), ensaladilla rusa y tal pues que apareció este señor en la televisión y dijo que ya se había hartado del 2013 y ‘hala, que pase el siguiente’.

  Lo de los vasos no es ninguna ironía y mala leche para decir que el señor presidente le de al pimple, simplemente estaban ahí. No os paséis… Este año el discurso fue un poco diferente, no porque entendiera algo, que ni papa, sino porque lo había grabado desde Javarovsk, que este verano tuvieron allí unas inundaciones que se caga la perra. Y bueno, también había habido un par de atentados en Volgogrado (no Volvogrado… ahí es donde hacen los Volvos digo yo) y Putin debió comentar que se iban a cagar por las patas p’abajo. Y después de estos buenos deseos, campanadas desde el Kremlim y el himno ruso. Los pelos como escarpias… Por cierto, vi al día siguiente las campanadas de la Puerta del Sol y vaya mierda pinchada en un palo, ni punto de comparación.La verdad es que donde vive Elena no hay nada, pero nada de nada… quitando un par de supermercados, aún así, como no hacía mucho frío, nos fuimos a dar una vuelta. Vimos algunos minifuegos artificiales y los más extraño es que había puestos de árboles de Navidad sin ninguna vigilancia, vamos, que si querías un árbol te lo llevabas. Aquí la prueba.

  Al día siguiente vinieron a su casa los padres del novio de su hermana, Eugenia. En ruso suena como Shenia… suena mejor. Aunque su novio también se llama Shenia, pero para tío, o sea, Eugenio. Vaya lío. Y otra vez a darle a la mandíbula. Por hacer una broma, nos pesamos antes de la primera comida y después de la última y había pillado tres kilazos… por lo que había que tomar medidas drásticas que luego veréis. 
 
Mañana celebran la Navidad aquí y nos acaban de invitar a ir a comer a casa de los padres de los Euges, así que otra vez toca comilona me temo. En lo del vodka sí que todavía no lo he catado… la verdad es que beberme ese ‘agua de fuego’ a palo seco como que no me motiva. Pero tiempo al tiempo…
 
Donde sí estuvimos es en la plaza de Lenin que es como el lugar donde se celebran las cosas en Ulyanovsk. Y ahí está el árbol de Navidad, una pista de patinaje y el edificio que se ve al fondo es el edificio del gobernador de la región, un tal Morozov, que tampoco es un lumbreras por lo que cuentan. 

  Y también está ‘Ded moroz’ por ahí dando guerra. Hay muchos caballos para pasear a la gente, aunque dejan en el ambiente un olor a ruralidad a veces que es mejor ir mirando al suelo. 

  También hay un escenario donde salen los grupos a actuar, casi siempre para niños. Y no puede faltar el animador sociocultural encargado de que todos participemos en entretenidos juegos… mira que son los rusos para los jueguecitos, les encanta. 

  Y este año, con eso de que en Sochi se celebran los juegos de invierno, pues había algo de temática ad hoc. Que si un podium con unos aros olímpicos…

  Que si unos conejos gigantes…

  Que si una especie de cazuela de hielo donde echan a los críos y luego no pueden salir de ella. Muy divertido…

  Que si las mascotas de Sochi hechas en hielo… 

  Y como estos rusos son unos cachondos no se les ha ocurrido otra cosa que pegar en las estatuas de hielo monedas de 10 ‘kopeiki’ que son como los 10 céntimos nuestros. Ellos son así, ‘expontaneos’.
 
 Y con tanto espíritu olímpico y tres kilos de más (a añadir a los de más habituales) pues decidí que ya era hora de ponerme las pilas y probar emociones al límite. Porque sí, señoras y señores. Después de un año y 20 días en Rusia, por fin… he hecho… ¡esquí de fondo! (aquí es donde deben oirse los hurras, bravos, machote…) En efecto, imitando a la sin par Angela Merkel antes de partirse la pelvis, me coloqué mis esquís y di mis primeros pasos… deslizamientos… ¿cómo se diría? 
 
Como bien sabéis, al lado de mi casa esta el Parque de la Victoria. Ahora que ha nevado y hace fresquete, hay una pista de patinaje y se puede hacer esquí de fondo. Ellos te alquilan el material. Hay dos versiones, el rural, esquís de madera; y el tecnológicamente avanzado, esquís de plástico. Yo, como soy un hombre a la última, me decidí por unos molones esquís de plástico de última generación con botas incorporadas. Las botas desprendían cierto tufillo a las 125.247 personas que las habían utilizado con anterioridad pero oye, no nos vamos a poner exquisitos porque alquilar ese material propio de la NASA cuesta 3 euros. Ni los cubatas del congreso oigan…
 
Y bueno, de esa manera, bastante lamentable, hice mis primeros pinitos en el esquí de fondo. ¡Benidorm 2038, prepárate porque voy a por el oro en la categoría de jubileta total! Y sé que ésto me va a costar algún comentario irónico pero aquí van las fotos que demuestran que llevé a cabo tamaña hazaña.
 
 ¡Qué velocidad! ¡qué plasticidad! ¡qué elegancia!… vale, fue un desastre pero al final de la hora de alquiler ya había empezado a perderle el miedo a esa cosa. Tampoco ayudaba que tenía miedo de caerme y hacerme daño en la rodilla, que aunque me permite hacer estas cosas, me sigue molestando. Total, bueno, que hice lo que buenamente pude y lo que es más importante, no he acabado como la Merkel. 
 
La cosa es que si sigo practicando a lo mejor consigo encontrarle el gustillo a eso del noble arte del deslizamiento… seguiremos intentándolo. Por lo menos hasta bajar los tres kilos… y si puede ser alguno más, mejor que mejor. Hasta la siguiente crónica esteparia. Do svidania!

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