¡Hola a todos! 

Hoy no os voy a descubrir nada nuevo pero me gustaría compartir “la que cayó” ayer en la ciudad de Moscú. Desde pequeño he sido amante de las tormentas intensas y sobretodo de las de carácter eléctrico. Siempre me ha gustado tomarle fotos a los rayos y contemplar la fuerza de la naturaleza en primera persona. Eso sí, siempre desde un lugar seguro. No tiene demasiado sentido jugarse el tipo para lograr una buena foto. A día de hoy este tipo de trabajos van mal pagados…

La cuestión es que volvíamos de la Dacha con el coche y ya se veía que iba a caer “la de Dios”. Los rayos eléctricos eran dignos de la película de terror más taquillera y ya nos estaba entrando prisa por llegar a casa para evitar males mayores. Si algo diferencia a las lluvias de Rusia con respecto a  las que siempre he experimentado en España, es que aquí el tiempo de reacción es nulo, como si de un coche con gran aceleración se tratara a los pocos segundos puede estar cayendo el diluvio universal. Quien no lleve el paraguas en mano ya no lo cogerá jamás. Y es que el grifo torrencial moscovita cuando se abre, te pilla estés donde estés. Esto suele pasar en verano y cuando hay temperaturas cercanas a los 30 grados. 

Por suerte tuvimos tiempo de llegar a casa salvos y secos. El espectáculo se retrasaba uno poco y me dio tiempo de coger la cámara para intentar alguna que otra peripecia. La misión era clara. Ante el flasheado discotequero que el cielo nos brindaba había que inmortalizar al menos un rayo. Así que salí rápidamente al balcón de medio metro de nuestra casa y empecé a disparar en ráfaga. También quería grabar algún que otro vídeo para el recuerdo y ya se sabe, quien quiere hacer tantas cosas a la vez nada le sale bien. Y a pesar de que conseguí inmortalizar el deseado rayo, la percepción de este pequeño fin del mundo fue 10 veces más intensa en directo que a través de la cámara.

Aquí tenéis la foto del único rayo limpio que logré capturar. ¿No está mal no? Espero que no le cayera a nadie en la cabeza porque tenía pinta de freir hasta la última albóndiga.

Pero lo que más me impresionó y me asustó de ayer, fue la cortina de agua que podéis ver en la siguiente foto que se acercó a una increíble velocidad.

Estaba yo tan tranquilo fotografiando los rayos que caían en la distancia, cuando de repente vi esa especie de masa oscura cubriéndolo todo como si se tratara de Mordor. Miré hacia la izquierda y el horizonte limpio de la ciudad de Moscú con la torre Ostankinskaya de fondo brillante con sus luces empezó a desvanecerse. Un fuerte viento que arrastraba las gotas de agua lo “inundó” todo. Las alarmas de los coches y los “berridos” de los animales asustados se oían de tal manera que parecía el vaticinio del fin de los días. Algunos tejados metálicos daban señales de que querían salir volando para jamás volver. Se veía el agua como se acercaba al más puro estilo tornado. Y bueno, aunque penséis que estoy exagerando, fue en ese giro de cuello hacía la izquierda cuando entendí que debía salir del balcón y cerrar la ventana inmediatamente. Esa cortina de agua se acerco a mas de 100 Km por hora. Y lo siento pero no soy de los que ve un huracán y sigue filmando. Aprecio bastante mi vida. Así que os lo teneis que imaginar un poco. Mi otra preocupación inmediata fue pensar que me iba a quedar sin coche a la de 3,2,1….  porque lo dejé aparcado cerca de unos árboles con ramas de mantequilla.

Por suerte este pseudo-apocalipsis no duró más de 2 minutos y aunque siguió lloviendo con fuerza enseguida nos quedamos más tranquilos mirando desde la ventana.

¡No te lo pierdas!
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Aquí tenéis un vídeo que refleja un poco la atmósfera de ayer.

 

Desde la Dacha llamaron para decir que nuestro perro Leo que está de vacaciones veraniegas, estaba temblando de miedo. Y eso que nuestro Bulldog Ruso no le tiene miedo a nada excepto a la bandeja metálica del horno.. Tiene un trauma con eso el pobre…

En definitiva, fue una tormenta que recordaré y espero que hayan muchas más para intentar fotografiar esos preciosos y peligrosos rayos.

Por suerte el mundo no se acaba aún. ¡Un saludo desde Moscú!

 

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