La balanza no engaña. He vuelto a engordar. Hace tres semanas que no juego a fútbol. La situación aún no es crítica, tan solo es medio Kg. Pero es que como cada año el invierno me pilla por sorpresa en Moscú. Mis registros instintivos aún están en el pasado. Hace 2 meses me estaba bañando en la piscina desmontable de nuestra dacha. Hace 1 mes aún me atrevía a ir en manga corta. Pero estas dos últimas semanas poco he salido de casa. El congelador está en marcha. Y como siempre nadie nos ha avisado. ¿Es normal que desde finales de Octubre esté todo nevado? ¿Es normal que a 6 de Noviembre llegamos a -11 grados? Los pronósticos del tiempo ya no muestran temperaturas positivas. Esto es invierno. Esto es frío. Me río cuando leo el periódico español y pone que una ola de aire frío polar hará descender las temperaturas en Barcelona en Noviembre. Haciendo cálculos sencillos, hasta finales el mes de Marzo de 2017 no volveremos a sentir que es un día soleado a  5 o 10 grados positivos. Sí, esta es la semana más dura de vivir en Moscú. Cuando sabes lo que viene por delante. 5 meses que se hacen eternos. 5 meses de frío invernal que ya no es novedad para un extranjero como yo.

Pero el trabajo ya está hecho. Los abrigos de plumón apunto, las botas impermeables de piel afelpada secándose al calor del radioador y los guantes de lana preparados por si acaso. Digo por si acaso porque ya no los uso. -11 grados ya no son lo que eran. Estoy acostumbrado, creo. Como mínimo los primeros 10 minutos. Me he rusificado en parte, no quedaba otra. Si llegamos a -15 me lo pienso y me pongo los guantes, lo prometo. De momento el dolor en las manos es soportable. Más bien un cosquilleo.  Hay que ser fuerte en esta vida y no achantarse a las primeras de cambio. Pero eso sí, en la carretera previsión y precaución. Y como he dicho los deberes ya están hechos. Ya he cambiado las ruedas de verano por las de clavos. Esto es lo que se lleva en Rusia. Bienvenidos al Rally Siberiano. Nada puede detener mi coche. Hasta me permito el lujo de hacerlo derrapar en alguna curva. El invierno da pereza, pero está todo bajo control. Es una sensación nueva. No hay nada nuevo. Es todo normal. Incluso hay quienes me llaman Yuri en lugar de Ory. Rusia es mi casa y siento una sensación de tranquilidad cuando me insonorizo en el refugio de mi capucha en plena calle nevada. Es curioso, vivo en un congelador y lo siento normal. El frío conserva las personas y aclara la mente. Ayer en el supermercado me pidieron el pasaporte para comprar una botella de vino español. Un cumplido para alguien que supera la treintena, una ofensa para alguien que limpia los cristales congelados de su coche de hielo incrustado antes de ir a trabajar. Pero al final nada de esto importa. Te das cuenta que todo depende de ti. En contacto con el primer pavimento helado he tenido mi primer resbalón de la temporada. Podía haberme caído y golpeado la cabeza, pero no. He mantenido el equilibrio de manera inconsciente, hay algo grabado en mi mente que ya funciona de manera automática, un reflejo de supervivencia. Todo es más seguro, los microbios están dormidos y yo más despierto. El blanco purifica, el ambiente es estéril, la esperanza alrededor. Llevar un poco más de peso no es problema. La situación nunca es crítica para alguien con optimismo. La experiencia gratifica.

El invierno es vida. Saludos a todos.

 

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