Zheleznovodsk, Rusia.

El típico restaurante con disco móvil preparado para bodas, fiestas y bautizos. Esperaba tranquilamente sentado en la cena de fin de año, hasta que ese hombre que me iba a financiar la botella, necesitó de mis conocimientos. Se acercó y pidió educadamente que le grabara su baile con el móvil. Me eligió a mi, aunque habían al menos 70 personas en la sala.

-No, de manera horizontal no…, dijo muy decidido. Y es que en menos de un instante ya me estaba equivocando…

El buen hombre ruso ya entrado en edades, quería un vídeo vertical y se encargó de asegurarse que no me confundía con la posición. El botón “Rec” lo pulsó el mismo. En la pantalla de ese móvil de gamma media-baja se veía todo bastante oscuro, apenas se distinguían las formas, pero la misión era mantener el sujeto dentro del cuadro para que su baile quedara reflejado para la posteridad.

El “Zoom” digital nadie me prohibió tocarlo, así que di muestras de mi humilde creatividad dando unos bandazos hacia adelante y hacia atrás, como si del último videoclip de Justin B. se tratara.
Tras unos segundos de monotonía, tuve que hacer el esfuerzo de incluir a una mujer a la que nuestro héroe se acercó en plan seductor, con la complejidad añadida del encuadre vertical.

Así aguanté….30 segundos… 45 segundos… 1 minuto y medio…. BINGO!

El hombre me abrazó, y entre halagos me preguntó… 

-¿Te debo algo?
-¡Feliz Navidad!, le dije con una sonrisa comprometida y una mueca que dejaba claro que no me debía absolutamente nada.

El hombre sin entender mi respuesta, se fue algo ofendido. Su gran baile seductor, valía mucho más que una simple formalidad…

¡En Rusia el corazón más grande lo tiene quien más da! O al menos cuando ya llevas más que un par de copas encima… Así que mi trabajo no podía ser gratuito y su gran baile para concluir el año no podía ser despreciado por mi talento. Por eso el me eligió a mi. Sin yo saberlo, había filmado 1 minuto de gloria en la oscuridad. Mirando por la pantalla nunca nadie habría adivinado que ese hombre bailaba. Fue más bien un espectáculo de sombras entre luces navideñas discotequeras.

Sin esperar a que nos dieran las campanadas, el gran bailador ruso se dirigió a la camarera y con grandes gestos de poder, le encargó el mejor vino que había en ese lugar. Resultó ser un vino Español Gran Reserva del 2006….

Y esta es la pequeña historia de mi mejor Jefe de la historia para el que trabajé apenas 2 minutos y ni siquiera supe su nombre. Y ni siquiera pude ver mi trabajo… Y tampoco recuerdo como bailaba. El vino, excelente. eso sí.

Viva Rusia y viva España.