Hace 7 meses que llegué a Rusia para quedarme a vivir de forma permanente y desde entonces, no hay un solo día en el que deje que encontrarme con algo fascinante.

Mi nombre es F. Javier y soy estudiante en una conocida universidad de San Petersburgo. Decidí venirme a Rusia a mediados del año pasado y básicamente dejé atrás todo lo que tenía (familia, amigos, un trabajo estable…) para embarcarme en esta aventura de la que no me arrepiento en absoluto. Bien es cierto que no todo ha sido un camino de rosas y que adaptarme a un estilo de vida diferente me ha producido algunos días un poco amargos, pero los buenos momentos y el poder disfrutar de todo lo que te brinda un país como Rusia, supera con creces cualquier punto negativo.

Actualmente estoy estudiando en la facultad preparatoria de la universidad. En esta facultad se prepara a los estudiantes para el próximo año, cuando se empieza oficialmente. En mi caso, el año que viene comenzaré a estudiar un máster, pero todo este curso me las estoy viendo cara a cara con el idioma ruso entre 10 y 15 horas a la semana aproximadamente, un curso intensivo en toda regla cada día de la semana. Gracias a ello, el nivel básico de ruso con el que venía se ha transformado en unos pocos meses en un nivel intermedio con el que me puedo comunicar y entender medianamente lo que leo o lo que me hablan. La satisfacción personal de ver como mejoras en un idioma como el ruso, de ver como te puedes desenvolver poco a poco y sobre todo de abrirte las puertas a la cultura rusa, es sin duda una de las mejores experiencias que he podido sentir. Y es que aunque ya había estado anteriormente dos veces en Rusia, hasta ahora no me había sentido tan cómodo y tan entusiasmado.

La cultura y el amor son las dos razones por la que hoy estoy aquí. En un principio, no recuerdo muy bien porque, empecé a interesarme por Rusia, sus tradiciones y su historia. Me encontré con un mundo tan grande y apasionante que en seguida quise saber más y más. Eso me llevó a empezar a estudiar ruso de forma autodidacta, y aunque no avancé demasiado, me sirvió al menos para aprender el alfabeto cirílico (el cual es más fácil de lo que se piensa) de cara al curso básico al que me apuntaría al año siguiente. Y así, poco a poco, llegué por primera vez a Rusia como turista hace 2 años… en pleno invierno.

Sin duda alguna, era la primera vez que sentí tanto frío en mi vida. Para que os hagáis una idea, la única vez que había visto la nieve había sido 2 meses antes de ese viaje, y llegar a San Petersburgo a 20 grados bajo cero supuso algo extremo para mí. Fue una experiencia fantástica, disfrutar de una ciudad tan bonita cubierta de capas y capas de nieve, desafiando tal cambio de temperatura para lo que estaba acostumbrado. Fue un mes en el que me empapé todo lo que pude de las calles y monumentos que hoy veo diariamente, pero que por aquel entonces, supuso un auténtico descubrimiento. Como era de esperar, caí enfermo de gripe durante mi viaje unos 3 o 4 días. Pero es curioso que este año, aun viviendo aquí, ha sido el primer año (incluyendo los vividos en España) en el que no he “cogido” la gripe. O estoy más preparado o he tomado más precauciones.

Al año y medio siguiente volví a repetir volviendo a San Petersburgo, esta vez durante el mes de abril. Con todo esto pretendo contaros un poco mi experiencia con Rusia y animaros a daros el paso adelante si estáis indecisos a adentraros en una aventura a este país. No le tengáis miedo al idioma, no le tengáis miedo al tiempo, os vais a encontrar con algo completamente nuevo y que sin duda os va a encantar por su riqueza cultural y sus rincones por descubrir. Si además, queréis saber un poco más, podéis echarle un vistazo a mi canal de Youtube en el que voy subiendo algunos vídeos sobre el país.

Un saludo a todos, Javier.

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